La huelga más larga
La
huelga médica es un demérito para las autoridades que no han sabido, no han
podido o no han querido encontrarle solución. Qué democracia puede ser la que
no dialoga, desautoriza, descalifica y reprime a sus médicos, profesionales que
tienen en sus manos la vida de la gente. Cumplieron más de 100 días y la
Federación Médica Peruana y el Colegio Médico han debido rechazar las
bonificaciones ofrecidas por írritas y ofensivas. Diálogo de sordos.
Enfrentamientos cuerpo a cuerpo. Mandiles blancos contra varillas, bombas
lacrimógenas y caballos, médicos detenidos y golpeados.
Seis soles diarios de incremento para profesionales con 12 y 15
años de estudios, mientras hay ministras que ganan 30 mil soles sin haber
estudiado. Algo anda mal en la lógica de este gobierno. O alguien se beneficia
con la huelga y su dilatación o hay una descomunal incapacidad para resolver
los problemas. Uno de ellos, participar en la reforma de salud, que es evidente
no podría hacerse sin los médicos.
El gobierno no ha cumplido con la escala remunerativa de las actas
firmadas en 2012 y 2013. Esta huelga blanca se ha convertido en el ícono de la
escasa credibilidad gubernamental, ahora en su punto más bajo. Si Jara no
aborda su solución es que no le interesa los 200 millones de pérdidas en los
hospitales ni los millones de consultas externas relegadas, y menos las miles
de intervenciones quirúrgicas pendientes.
Por supuesto que los médicos deben pensar en los enfermos y no en
los bolsillos, como dice Bambarén, pero no significa admitir que los atropellen
y que la administración sectorial esté sorda a sus reivindicaciones salariales,
a sus protestas por la privatización de la salud y menos aún ante las
condiciones en que trabajan.
Los servicios de emergencia, para
los cuales nunca hay huelga, siguen funcionando abarrotados, imagen misma de la
deteriorada salud pública. Pacientes por todos lados, camillas y sillas de
ruedas. Más allá de las cifras y las distorsiones, el gobierno está obligado a
resolver problemas y el de la salud es apremiante. Que la premier recorra los
hospitales, que converse con los médicos para que vea el error político de
pasar por alto una huelga de estas dimensiones y con tal efecto social. Que se
discuta y se negocie, pero que no se ignore, se esconda y menos aún se omita.
Seis soles diarios de incremento para profesionales con 12 y 15
años de estudios, mientras hay ministras que ganan 30 mil soles sin haber
estudiado. Algo anda mal en la lógica de este gobierno. O alguien se beneficia
con la huelga y su dilatación o hay una descomunal incapacidad para resolver
los problemas. Uno de ellos, participar en la reforma de salud, que es evidente
no podría hacerse sin los médicos.
El gobierno no ha cumplido con la escala remunerativa de las actas
firmadas en 2012 y 2013. Esta huelga blanca se ha convertido en el ícono de la
escasa credibilidad gubernamental, ahora en su punto más bajo. Si Jara no
aborda su solución es que no le interesa los 200 millones de pérdidas en los
hospitales ni los millones de consultas externas relegadas, y menos las miles
de intervenciones quirúrgicas pendientes.
Por supuesto que los médicos deben pensar en los enfermos y no en
los bolsillos, como dice Bambarén, pero no significa admitir que los atropellen
y que la administración sectorial esté sorda a sus reivindicaciones salariales,
a sus protestas por la privatización de la salud y menos aún ante las
condiciones en que trabajan.
Los servicios de emergencia, para
los cuales nunca hay huelga, siguen funcionando abarrotados, imagen misma de la
deteriorada salud pública. Pacientes por todos lados, camillas y sillas de
ruedas. Más allá de las cifras y las distorsiones, el gobierno está obligado a
resolver problemas y el de la salud es apremiante. Que la premier recorra los
hospitales, que converse con los médicos para que vea el error político de
pasar por alto una huelga de estas dimensiones y con tal efecto social. Que se
discuta y se negocie, pero que no se ignore, se esconda y menos aún se omita.