lunes, 22 de diciembre de 2014

RESEÑA
Hace 95 años se creó la OIT
Carmen Meza Ingar. Jurista

Con la firma de la Paz de Versalles el 28 de julio de 1919, que daba fin a la Primera Guerra Mundial, los dignatarios del mundo crearon un foro tripartito para buscar la paz social. Nacía la Organización Internacional de Trabajo (OIT), constituida por representantes de los gobiernos, los trabajadores y los empresarios, tal como lo había propuesto León XIII a fines del siglo XIX.
Pese a la necesidad de la institución, el acuerdo primigenio no se ponía en práctica. Fue entonces que el presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, ofreció una sede en Washington y la OIT se instaló el 27 de noviembre de 1919, creando muchas expectativas para una cultura de paz.
Sabemos que esa fue la sede provisional, pues la Organización de las Naciones Unidas, en su sede de Ginebra, tiene ocupado uno de sus principales palacios por la OIT.
El fecundo trabajo de esta institución, especializada en la defensa del mundo del trabajo, produce numerosas normas que sirven al desarrollo de los pueblos, tanto en la prevención como en la solución de conflictos sociales, desde las aurorales normas de las ocho horas laborales, hasta el Convenio 169 de 1996, de consulta a los Pueblos Indígenas y Tribales.
En cerca de un siglo de historia, la modernidad ha llevado a la OIT a definir y defender el “trabajo decente” y la ocupación plena, teniendo en cuenta la Declaración sobre Justicia Social para la Globalización, adoptada por su Consejo de Administración en su 306ª reunión.
Los especialistas explican que se trata de empleos verdes hacia un trabajo decente en un mundo que desea construir la vida sostenible, con bajas emisiones de carbono. La OIT tiene más de 200 convenios para proteger el trabajo de las mujeres, de los niños, de edades autorizadas. Asimismo, busca estabilidad y condiciones de seguridad en el trabajo y se puede decir que cuenta también con documentos cumbres que respondieron a cada época de su fecunda vida al servicio del mundo entero.
Recordamos la Declaración de Filadelfia de 1944 y la Declaración de la OIT de 1998, relativas a los principios y derechos fundamentales en el trabajo y su seguimiento o supervisión para garantizar su efectivo cumplimiento. En el siglo XXI se lanzó a consulta el informe de la Comisión Mundial sobre la Dimensión Social de la Globalización, y con las respuestas de dignatarios de 195 Estados Partes se elaboró la Declaración sobre Justicia Social de 2008, que es un compromiso hacia el cumplimiento de las metas señaladas en defensa de todos y cada uno de los trabajadores, por su condición de seres humanos.