miércoles, 23 de julio de 2014

ENFOQUE
El Estado peruano en los inicios de la República

Richar Centeno Torres PERIODISTA

La organización del Estado peruano tras la declaración de la independencia tomó varios meses, incluso años, para consolidar una administración de gobierno en la naciente República. No fue una tarea fácil, considerando las disputas entre los caudillos, los remanentes de las tropas realistas en el Callao y el caos en todos los asuntos de la administración pública.
Sin embargo, la vigencia de la estructura virreinal que imperó cerca de 300 años pesaba mucho más. Estaba enraizada en la mentalidad de los peruanos de todas las clases sociales. La nueva administración republicana apenas cubría como un ropaje la fuerte realidad de la herencia colonial.
La hacienda pública prácticamente estaba quebrada por los más de cuatro años de guerra emancipadora y era una crisis de nunca acabar por los constantes cambios de gobierno. En este panorama se trataba de organizar el nuevo Estado peruano para manejar las finanzas, la seguridad, las relaciones exteriores y los servicios básicos.
Para tener una idea de la organización administrativa en los complicados albores de la República, veamos algunos números. Según el censo de 1828, la población peruana era de un millón 516,693 habitantes. Para entonces, el Presidente de la República tenía cuatro edecanes y dos capellanes. Había tres ministerios: de Gobierno y Relaciones Exteriores; Guerra y Marina; y Hacienda, que sumaban en total 36 empleados.
Por su parte, el Congreso tenía registrados solo ocho empleados, mientras que la Corte Suprema, que se componía de su presidente, ocho vocales y dos fiscales, contaba con 14 servidores a su cargo.
El gobierno interior del departamento de Lima tenía entre sus instituciones a la Prefectura, la Intendencia de la Policía, los inspectores de cuarteles y comisarios, así como un escuadrón de Policía compuesto por 300 hombres.
Otras instituciones de estos primeros años de la República fueron la Contaduría General de Contribuciones, la Contaduría General de Valores, la Junta de Liquidación, la Tesorería General, la Casa de la Moneda, la Aduana y la Caja de Administración, todos con personal muy limitado, tanto por la carga de trabajo como por las limitaciones de presupuesto.
Parecen cifras menudas, casi insignificantes si las comparamos con más del millón 300,000 servidores públicos de ahora, cerca de 200 años después. Pero los tiempos han cambiado y las tareas del Estado también, y por supuesto la población peruana se multiplicó desde entonces en 20 veces.