viernes, 27 de marzo de 2015

APROXIMACIONES
La desaparición de la cultura en la TV peruana


¿Cuándo fue que la cultura dejó de ocupar un espacio dentro de la programación y la preferencia de la televisión peruana? Hace algunos días, un diario local publicó el ranking de los 10 programas más vistos de la televisión local y entre ellos simplemente no figuraba ni siquiera el rubro de programa cultural.
Hasta hace unos años, los programas de corte cultural y/o educativo formaban parte de las listas de preferencias de la audiencia. Hoy, una mirada rápida a la oferta televisiva de señal abierta nos muestra solo al canal del Estado como el último reducto de difusión de los programas de contenido cultural.
En momentos en los que un sector importante de la población cuestiona la calidad de los contenidos de programas de entretenimiento, de espectáculos y de realities, surge también la necesidad de preocuparse por la gradual desaparición de programas que difundan y promuevan la cultura, pero que además aseguren el interés y seguimiento de los espectadores.
El tema plantea responsabilidades desde varios ámbitos. ¿Qué le corresponde al Estado, a la empresa privada y a los consumidores para revertir esta situación?
Por ejemplo, en Chile fue aprobada una norma en octubre del año pasado que obliga a los canales de señal abierta y de señal de cable a transmitir cuatro horas semanales de programas culturales como mínimo.
La norma, aprobada por el Consejo Nacional de Televisión de Chile (CNTV), precisa que al menos dos de las cuatro horas de programación cultural deberán transmitirse en horario de alta audiencia ¿Podríamos aplicar una norma similar en el Perú? ¿Qué necesitamos para impulsar que la cultura también forme parte de las opciones en la pantalla chica?
En un escenario en el que la televisión local nos demuestra que es mejor privilegiar el mercado y asumir que la libertad “vale todo”, se plantea la urgencia de tomar conciencia de que vivimos bajo reglas amparadas desde la Constitución Política que establecen que la televisión es un servicio privado, pero de interés público.
Desde esa óptica, los programas culturales deben formar parte de las alternativas que los consumidores tenemos derecho a recibir.
La televisión local tuvo memorables épocas, en la que los programas culturales tenían un espacio privilegiado. Basta recordar hace más de 30 años el programa del hoy premio nobel de literatura, Mario Vargas Llosa, con su Torre de Babel, donde llegó a entrevistar a personajes como Jorge Luis Borges; el programa Pulso, de Alfonso Tealdo, o La Hora de Luis Alberto Sánchez, por citar algunos.
No solo le corresponde al Estado hacer que se cumplan las normas para que se respete temas como el horario de protección al menor. También los consumidores tienen el derecho de exigir y ser críticos con los contenidos de los programas que les ofrecen.