Por un código de ética electoral
La propuesta de elaborar un código de ética electoral para que se
aplique en futuros procesos de elección popular es una iniciativa de
importancia porque regulará el desenvolvimiento de los participantes en los
comicios, de tal manera que esa conducta sea acorde con la responsabilidad y
madurez que debe demostrar la clase política al electorado y a la ciudadanía en
general.
Este planteamiento
proviene del presidente del Tribunal de Honor del Pacto Ético Electoral, Walter
Gutiérrez, quien ha asumido, junto a los demás integrantes de esta instancia,
el compromiso de resolver los casos que se presenten en la actual campaña
electoral. Pero, además, consideró oportuno tomar la iniciativa de construir un
cuerpo normativo para los candidatos, de tal manera que no sea solo una suerte
de manual de buen comportamiento, sino un dispositivo de carácter legal y de
cumplimiento obligatorio.
En todo caso, el
jurista ha considerado que esa propuesta, sino es aprobada por el Jurado
Nacional de Elecciones (JNE), puede convertirse en la base para que el Congreso
de la República elabore un estatuto con rango de ley que tenga los mismos
alcances del planteamiento original del Tribunal de Honor. De hecho, la
iniciativa a formularse se sumará al proyecto de código procesal electoral que
ya presentó el JNE, porque en la actualidad hay alrededor de 12 normas y 32
reglamentos que norman esos procesos, y se requiere una norma general que reúna
todos estas disposiciones.
¿Por qué llegar a
establecer un código de estas características? En los últimos años, hemos sido
testigos de la conducta de los postulantes.
Usualmente, la mala
práctica común es la diatriba o el insulto como producto del calor del debate y
de la competencia. Sin embargo, lo que ha llegado a preocupar sobremanera es la
serie de falsedades que consignan en sus hojas de vida, ocultando hechos que en
ocasiones se configuran abiertamente como delitos. Es, pues, imperativo que la
democracia afine sus instrumentos para que los postulantes a un cargo público
sean honestos con el electorado.
Por ese motivo, es
importante el rol que juegan los pactos éticos electorales y los tribunales de
honor impulsados por el JNE, porque ello permite establecer un marco legal que
ayuda a una mayor transparencia de los candidatos y procesos electorales, por
lo que no son instituciones decorativas para la vida democrática.
Por ejemplo, el tema
de las hojas de vida de los candidatos, que surgió como una buena práctica
dentro de un pacto ético sin sanción alguna, hoy está recogido como norma en la
legislación electoral que sanciona severamente al postulante que haya faltado a
la verdad.
De igual manera,
existen en la actualidad determinados compromisos que están dentro del Pacto
Ético como transparentar el patrimonio –aun cuando no es una obligación
normativa– para que los postulantes informen sobre su patrimonio y recursos
financieros.
Es de esperar ahora que la iniciativa del Tribunal de Honor prospere y
el país cuente con un nuevo mecanismo que permita apuntalar el sistema
democrático.